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Clickbait - Relato: Paintball

Actualizado: 17 nov 2021


Dani


Supongo que todo comenzó una mañana como cualquier otra, con un mensaje de Marla. Me gustaba compartir piso con ella, porque no solía perder tiempo en tonterías, ni en charlas inútiles, siempre era clara y concisa. Yo estaba volviendo de pasar unos días con mi familia y vi el móvil al aparcar delante de la puerta de casa.


Marla: Tnms nueva compi de piso. Maja. Un poco monja. No sta mal.


Su mensaje me hizo reír, y bueno, puede que metiese ideas sobre monjas, curas y biblias en mi cabeza y que cuando abrí la puerta a Kath y la vi tan abatida y tan necesitada, quisiera poner distancia entre nosotros. Y fastidiarla un poco.


Seguro que nadie entiende lo divertido que es molestar a Kath, pero juro que nunca lo hice con maldad. Y la cosa fue volviéndose contra mí poco a poco, claro. No porque ella me devolviera las bromas, juro por lo más sagrado que adoro cuando Katherine se pone en plan sádica y juega conmigo.


Lo de que se empeñase en salir con Cooper ya no me parecía tan divertido. No es que el jugador sea mi mejor amigo del alma, de hecho, no le considero mucho más que un compañero de equipo, pero me molesta que ella esté con él cuando está claro que entre nosotros saltan chispas. Bah. Soy un crío, lo sé. Pero siento que le engaña y, si no lo hace, entonces se engaña a sí misma.


Después de pasar la Navidad juntos, el caso es que todo fue a peor. ¿Qué tiene esa niñata que me va a volver loco? No lo sé. Yo no quiero nada con animadoras, ni con malas copias de estas, pero allí… Joder, podría haberme enamorado de la Kath divertida, bromista y sonriente que se abrazaba a mi cuello como si todo fuera a estar bien.


¿A quién quiero engañar? Ya estaba colado hasta las trancas. Pero ella seguía empeñada en salir con Cooper. Y en fingir que yo solo soy su molesto compañero de piso. Y eso… Joder, me dolió un huevo. Que me escondiera como a una amante tonta en el armario, le mintiera cuando estaba conmigo, que ni siquiera pudiera reconocer ante él que yo era… Al menos un amigo, ¿no?


Yo no era idiota, ni un niño prepúber al que consolar con la friendzone, pero soy tan tonto que hubiera cumplido feliz el papel de mejor amigo si al menos Katherine tuviera valor para decirle que lo era. Pero era peor que eso, algo que esconder bajo la alfombra.


Saber que Kath pensaba irse del piso no ayudó lo más mínimo a rebajar los oscuros pensamientos que habían anidado en mi cerebro o que me carcomían el pecho.


Dudé sobre si liberar a Katherine de la carga de ir a divertirse conmigo. Quizá estaba siendo una persona horrible por obligarla a que compartiéramos tiempo. En el coche dudé sobre si darme la vuelta veinte veces. Dejarla con Cooper, siendo feliz, mientras yo me hundía en la miseria. A fin de cuentas, ni siquiera había sido una tortura ir a esa fiesta de Navidad con su familia. No por su familia en sí, fue por Kath, Katherine hizo que fuera una noche memorable. Y dormir abrazados en mi coche…


No fui capaz de darme la vuelta, porque no soportaba la idea de separarme de ella. Y cuando empezó a bromear de nuevo, consiguió que el mal rollo se disipase de mi cabeza como nadie lo había logrado jamás. Yo solo quería verla sonreír, ser feliz. Y si el que conseguía eso era Cooper y no yo, quizá lo mejor sería apartarme.


Y es lo que intenté al llegar, pese a que ella me lo ponía muy difícil. Entendía que se sentía intimidado por mis amigos, pero parecía deseosa de quedarse justo a mi lado y yo necesitaba espacio para no asfixiarme con lo que sentía por ella. Incluso hice trampas en el reparto de equipos para que acabásemos enfrentados. Lo cual fue una idea pésima, claro, como todas las que yo tenía.


Esperaba que la eliminasen rápido, no que aguantase hasta el final. Cuando la oí hablar con uno de su equipo en el piso de abajo ni siquiera podía creérmelo. Yo estaba parapetado tras una pared, cerca de la escalera, esperando que alguien subiera y su voz llegó clara y cristalina hasta mí. No oía al otro, pero podía imaginarme que lo que contaba no era del agrado de la dulce Princesa Peach.


―¿Quieres que entre en una planta haciendo ruido para que un tío me dispare pintura?


Se me escapó una sonrisa idiota. Ya podía imaginarme la situación. Kath no era tonta, quizá cualquier otro hubiera aceptado sin más. No oí lo que le respondía quien fuese, seguro que era Dragon, pero su voz llegó de nuevo a mí.


―¡¿Qué dudará?!


Esta vez sentí que me sonrojaba. Pude llenar el hueco sin problema. Quien fuese trataba de convencerla diciendo que yo dudaría a la hora de disparar. Pues tenía razón, pero seguía siendo un mal plan, quizá porque lo estaban gritando demasiado cerca de la escalera. Podría haberme asomado y eliminarlos antes de que supieran qué pasaba.


Dudé.


―¡¿Pero tú conoces a Dani?! ―gritó tanto que me imaginé que la estaban oyendo desde fuera―. Me disparará y disfrutará cada segundo de ello. Me rematará en el suelo y, si tiene oportunidad, me pateará el estómago.


El malestar me recorrió con fuerza. ¿De verdad pensaba que yo le haría daño? Estaba claro que exageraba, pero, aun así, ¿creía que había alguna posibilidad de que la disparase de verdad? ¿De que le hiciera daño a propósito? ¿Eso es lo que pensaba de mí? Dolió, no voy a negarlo, y no porque creyera eso exactamente, sino porque mis acciones la hubieran llevado a pensar algo así.


Sabía que Dragon no abandonaría su plan con facilidad. Le oí mandar a Kath hacia el sur y fui allí. Me la encontré de frente y, justo detrás, a él. Disparé sin dudar y Kath dio un gritito que me hizo palpitar con furia el corazón. No quería asustarla, solo… compartir un rato con ella, que se lo pasara bien, que viera que estar conmigo también podía ser divertido. No sé. Demasiadas cosas que ahora sabía que eran idiotas, porque ella quería a Cooper y no a mí.


―Dispárame ―le pedí a Kath, que me miró tan sorprendida que volvió a molestarme. ¡Ni que yo fuese un monstruo!


―¿Qué?


―Hazlo, o lo haré yo, Kath ―le ordené, alzando el arma un poco.


Nunca lo haría. Las bolas de pintura dolían y más tan cerca como estábamos. Una cosa es que en el «fragor» de la batalla alguien le hubiera disparado y otra que fuera a hacerlo yo, y más en frío y a quemarropa.


Solo quería que me disparase de una vez y poder salir de allí. No, lo que deseaba de verdad era llegar hasta ella, arrancarle las gafas, la máscara y besarla hasta que reconociera que no podía vivir sin mí.


Tres tiros fueron la respuesta. Me ardieron los puntos donde había golpeado y eso que llevaba protección. Acertó en el hombro, el pecho y el brazo. Sentí una mezcla de dolor, orgullo y profunda tristeza. Kath podría ser buena, si le interesase, pero no era yo el que le interesaba, era Cooper. Y el resto de su vida sería tan muermo como él, pero era lo que, al parecer, Katherine quería.


―¿Estás bien? ―me preguntó dando un par de pasos rápidos hacia mí.


«No. Te quiero y no estoy bien si tú te empeñas en estar con Cooper».


―Sí, vamos con los demás, has ganado. ―No pude evitar una sonrisa cuando me miró ilusionada por haber ganado.


Y, definitivamente, yo era un perdedor. No tenía nada que ver con el juego en sí mismo. La había perdido a ella. Menuda mierda.



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Sobre mí

Se me da bien escribir sobre otros, no sobre mí, así que supongo que esa es la mejor presentación posible: escribo sobre otros; escribo sobre historias de amor que superan obstáculos, de amistades eternas y, sobre todo, de cambios en la vida.

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